El tuerto mirar de nuestro pasado reciente cobra de a poco, en la Argentina, visos de religión pública y de fe: de fe intocable, todopoderosa. La mirada ideologizada sobre la violencia setentista va dejando de ser materia de propaganda y aforo de voluntades, para convertirse en ritual oficial, conjuración de silencios, maniqueísmo y pizca de degradación cómplice. Si es verdad que ha cometido Paty lo que se le imputa, la investigación de su accionar por parte de la justicia es lícita y forzosa. Pero es que también otros han cometido aberraciones iguales a las incoadas, sin que la justicia los hostigue ni incrimine. Un mismo accionar que lleve a algunos al presidio y a otros a la función pública es, desde un punto de vista práctico, la mejor definición que pueda haber de injusticia.
Gracias a los que se animaron a salir de sus casas para escucharnos, a la hermosa gente de Blanco y Negro, y nuevamente al amigo Emanuel por las fotos increíbles que nos regaló.